Las eras manchegas. Manzanares

Según el DRAE era, del latín área, es un espacio de tierra limpia y firme, algunas veces empedrada, donde se trillan las mieses (separar el grano de la paja, quebrantar la mies tendida en la era). También es un cuadro pequeño de tierra para cultivar flores u hortalizas. Suelo apisonado y preparado para majar el yeso, hacer las mezclas o arreglar sobre él los solados. Sitio llano cerca de las minas, para machacar y limpiar los minerales. En toponimia abundan las variantes: eria, erio, eruelo, heria, heruela, iruela, etc.
El diccionario de Covarrubias define era como: el pedaço de tierra limpia y bien hollada; en la qual fe trilla la mies, y el campo donde ay eftos pedaços de tierra llamamos eras, que ordinariamente fe hacen muy cerca del lugar, para poder con más comodidad mirar por el pan, y encerrarlo en casa.
En general, la era es un lugar accesible desde los terrenos de cultivo, normalmente a las afueras de los pueblos, junto a los caminos o entradas principales, en el campo cerca de los cortijos. De dimensiones variables, con el espacio suficiente para que diese la vuelta un trillo tirado por una caballería, con una suave pendiente para evitar la acumulación de lluvias. Pueden estar rodeados de un murete protector contra las escorrentías de agua exterior. Se ubican en lugares altos favorables a los vientos suaves que faciliten el aventado de la mies, separar la paja del grano, lanzando la mies en alto, al viento. Podían disponer en lugares aislados, de un cobertizo o chambao anexo (tinao), para resguardar el grano ya en sacos, y a principios del siglo XX, la máquina aventadora.

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Podían ubicarse dos eras juntas, una llamada era limpia para el cereal de consumo animal o humano, y la era sucia, de la que se obtenía el picón (cornezuelo del centeno, alucinógeno usado por brujas).
Las formas variaban entre circulares, cuadradas o rectangulares. Si se unían varias se denominaba el conjunto un ejido (campo común de un pueblo, lindante con él, que no se labra, donde suelen reunirse los ganados o establecerse las eras). Debían disponer las eras internas en estos ejidos de un paso y aparcadero, y solían disponer de un pequeño espacio lindero llamado pajera, a veces compartido entre varias eras. Se marcaban las distintas eras de particulares con pequeños hitos o piedras de gran tamaño clavadas en el terreno, o hileras de piedra marcando las lindes. Las dimensiones oscilaban en torno a 30-80 varas de lado, siendo cuadradas o rectangulares.
Los materiales de acabado eran lajas de pizarra, cantos rodados del tamaño de un puño, empedrados, losas de piedra, la roca aflorante y la misma tierra apisonada, llamándose en este último caso terrizas.
Las eras se situaban en los alrededores del pueblo. Algunas eran de tierra apisonada, de uso exclusivo, que había que prepararlas con antelación para realizar la trilla, dándole unas pasadas con el rodillo.
Las conocidas en Manzanares, estaban empedradas de canto rodado. Este tipo de pavimentación es de uso común en calles, corrales, zonas de paso, acerados y patios de casas. El empedrado basto es el preferido para las eras, por su dureza y resistencia a la hora de pasar la trilla y cortar la mies con las lajas de sílex.
Este empedrado se realizaba con una capa de mortero de cal aérea apagada y arena de río, (1/3) de 6-8 cm de espesor, sobre la que se van clavando las piedras escuadradas, de superficie plana, rollos o cantos de río redondeados, se asientan con la maceta, formando maestras, presentando cuarteles, que se realizan con cintas, tiras de piedra de mayor tamaño, en la misma dirección, haciéndose a cordel.
Se rellenan estos paños dándoles una pendiente o forma de lomo para evacuar las aguas de lluvia. Es corriente que sigan un dibujo curvo entre las cintas. Colocadas las piedras se apisonan y rejuntan cuidadosamente, pasándoles la regla, rematando con una lechada de cal final.
Las eras no tenían sombra alguna. Sólo la cuba del agua se colocaba entre la mies de la cina para no estar expuesta al calor solar.
A continuación recojo una relación de eras existentes en Manzanares en los años 1940´s según nuestro paisano Antonio Moraleda, siendo de propiedad particular.
Era de los Lagartos y la de Remolinos, en los terrenos del actual Hospital Virgen de Altagracia.
Era del Redondillo, en el llamado Barrio Nuevo, junto a la era del Mudo Mascaraque.
Era del Llano Amarillo, al final de la calle Agustina de Aragón, cercano al parque del Polígono.
Eras de las Tobalillas en el Boulevard de Castilla-La Mancha.
Eras de Malpica, de Antonio Ochoa, de Nicolás Cortés y las Españicas, en San Blas junto al camino de Membrilla, en la salida del pueblo.
Era de los Pajares, la de Alberto Mazarro, la de los Pereos, la de Alvarez y la de la Cayetana, junto al polvorín al final del barrio de la Alamedilla.
Era del Acabose y la de los Gaspares en el Camino Ancho, la de Enrique Ochoa, la de Roque Muñoz, Mansilla, El Maduro y Julio el de las Vacas, en el barrio de la Divina Pastora.
En la calle Calvario existía la era de los Capillas y de Juana García, en la carretera de Madrid la de Calabazón y la de Pochela.
Frente al Hotel El Cruce, la era de Tomás Noblejas, y la de los Campaneros en los Peones Camineros. En el camino de las Pulgas la de Chalrras, en la casilla de Bolsas la de los Escribanos.
En el barrio del Nuevo Manzanares, la de Periquito Román, y cercana la de Los Noblejas en los institutos. En la Candelaria la de Antonio Muñoz, y en el parque del polígono las eras de Blas Tello, Tarina y Corchado. En los terrenos junto al Cristo de las Agonías, en la E.F.A. la era de Ojos de Habichuela.

Y últimamente hay en el término de la población diferentes piezas de tierra empedradas de canto guijarro en que se benefician las mieses que por ser crecido su número y de diferentes vecinos, no se expresan a la Letra, y para poder puntualizar sus intereses con vista de los Memoriales consideran de utilidad por cada mil varas veinte reales por año. Respuesta 17 al interrogatorio del Catastro del Marques de la Ensenada

Viaje por España de August F. Jaccaci, reflejado en su libro “On the trail of D. Quichotte (El camino de D. Quijote), 1897.”
“En los alrededores de Manzanares, en las eras, trillaban al modo primitivo, como se hiciera en tiempos de los moros, los romanos o los íberos. Las bestias, atadas simplemente al trillo, desde donde los hombres, en pie, las arreaban, describían espirales o círculos hasta quebrantar las doradas mieses. Los muchachos, desnudos, quemados por el sol, tenían también sus puestos en las faenas y, montados en los caballos o subidos en las planchas, balanceándose despreocupados, parecían estatuas de bronce vivientes, con su aire de indiferencia, adquiriendo esa animación, siempre graciosa, en los movimientos, que tanto admiramos en las figuras pompeyanas”.

Horca, pala, rastro, son los útiles que servirán al labrador en este nuevo proceso. Horca de madera de olmo, generalmente, de cuatro o cinco dientes de unos 25-30 centímetros de longitud que salen de un tronco común de mango largo para su manejo. Sirve para volver la parva, y aventar, una vez trillada la mies, lanzando al aire el cereal.
La pala es una pieza de madera curvada, con mango largo que sirve para volver la mies de la parva cuando ya está triturada y para aventarla cuando los dientes de la horca son incapaces de cogerla.
Con el rastro acerca el labrador la mies trillada hacia el centro de la parva.
Los hombres extienden la mies de la cina (hacina), portando los haces con la horca o a mano al sitio adecuado de la era donde los desatan y esparcen en un círculo, la parva.
Hay parvas de forma circular y buen casco de mies, propias de trigo, cebada y otros cereales. Otras son de tamaño menor, también redondas. Se extienden éstas alrededor de un círculo central que se deja libre, donde se coloca la persona que sostiene el ramal de la caballería, única, que arrastra la trilla. Esta parva se utiliza para trillar garbanzos, lentejas, titos,…
En las casas grandes se solía contratar peones temporeros para la labor de recolección. El trillaor solía ser un peón joven que se dedicaba a la faena de la trilla.
A las nueve de la mañana, pasado el relente de la noche que ablanda la mies, se inicia la jornada de trilla.
A la una de mediodía, animales y personas descansan y se reanuda la tarea a las cuatro para concluir algo antes de atardecer.
Durante toda la jornada las bestias arrastrando la trilla, dan vueltas y vueltas sobre la parva, donde los pedernales de la trilla van desgranando las espigas y cortando sus cañas hasta convertirlas en pajas.
La trilla, introducida en España por los cartagineses, consta de tres o cuatro tablones de madera unidas por medio de cabezales colocados sobre las tablas para ensamblar el conjunto de hasta dos metros de largo por 1,5 de ancho. La parte delantera está redondeada y levantada al frente. El tamaño depende de su uso mular o asnal. Los primeros son más grandes y llevan debajo, a lo largo, tres o cuatro hojas de sierra. Entre ellas van incrustados pequeñas lascas de pedernal, con las que se corta y tritura la mies.
Trillan mujeres y muchachos mientras los hombres se ocupan de otras tareas más duras. Las mujeres, especialmente en la siega, pero también en la trilla, se colocaban un pañuelo tapando la cara, a la usanza mora, de manera que sólo se les veían los ojos. En la cabeza un pañuelo negro las mayores, de color las jóvenes, y sobre él, el sombrero. Los trillaores van de pie sobre la trilla. A veces sentados sobre una pequeña silla de enea o sobre una piedra colocada a propósito. Llevan en la mano una larga vara de oliva o un pequeño látigo con el que fustigar a los animales para que aviven el paso. Protegen su cabeza con un sombrero de paja para defenderse de los hirientes rayos del sol. De cuando en cuando, es necesario volver la parva, voltear la mies, evitando amontonamientos y favoreciendo que ésta sea triturada uniformemente. Suele hacerse de tres a cuatro veces al día con la horca. Trillada la parva, se allega. La mies trillada se apila, tirando las yuntas de la allegaera y con la ayuda del rastro manejado por el labrador. Con la ayuda de una escoba amarga se barre la era juntando paja y grano en el montón que será aventado posteriormente.
Cuando el aire pica, se levanta o empieza a correr, se procede al aventado (ablentar, en nuestra tierra).
El viento que corre a bocanadas es poco adecuado y resulta muy molesto. El aire bueno es el que empieza a correr después del mediodía, o al pasar la media noche.
El aire más propicio para aventar es el ábrego y, en general los aires de abajo, procedentes de poniente, aunque hay que utilizar, por necesidad cualquier otro aun a costa de la imperfección y la dureza de la separación de grano y paja.
Puesto el aire en movimiento, todos los trabajadores disponibles se ponen a la tarea. Hay que aprovechar al máximo el tiempo de aire. Esta tarea goza de preferencia sobre cualquier otra. Se elimina primeramente la paja más larga con la horca. Separada la paja larga, se puede proseguir con la pala el aventado, hasta el final. El grano, aislado de la paja, se coloca en un montón alargado en forma de pez. Se procederá posteriormente al cribado, operación que se ejecuta a mano, aislando el grano de otras semillas, chinas y demás impurezas.

Según la ley de patrimonio de Castilla-La Mancha, los molinos de viento, silos, bombos, ventas, manifestaciones de la arquitectura negra y otros elementos etnográficos forman parte del Patrimonio Cultural de Castilla-La Mancha. En cartas arqueológicas están recogidos ejemplos de eras y en catálogos de bienes y espacios protegidos. En los inventarios de construcciones populares de la mayoría de comunidades autónomas, valoran las eras. Manzanares debería contar con un inventario de construcciones tradicionales. Lo primero para conservar es conocer, documentar, analizar, y si no se puede conservar, al menos se recoge la gran sabiduría popular que encierran, porque se están perdiendo estos legados ancestrales, y la sociedad de la ciencia y el progreso, no muestra interés por estas formas de adaptación que han sobrevivido miles de años, y se han depurado hasta nuestros días, con sostenibilidad y dialogo con el entorno y con el propio ser humano. Espero que nuestro sistema post-industrial con menos de cien años de vida llegue a prolongarse tanto como el preindustrial, pero dudo que sea tan eficaz y longevo.

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