Las eras manchegas. Manzanares

Según el DRAE era, del latín área, es un espacio de tierra limpia y firme, algunas veces empedrada, donde se trillan las mieses (separar el grano de la paja, quebrantar la mies tendida en la era). También es un cuadro pequeño de tierra para cultivar flores u hortalizas. Suelo apisonado y preparado para majar el yeso, hacer las mezclas o arreglar sobre él los solados. Sitio llano cerca de las minas, para machacar y limpiar los minerales. En toponimia abundan las variantes: eria, erio, eruelo, heria, heruela, iruela, etc.
El diccionario de Covarrubias define era como: el pedaço de tierra limpia y bien hollada; en la qual fe trilla la mies, y el campo donde ay eftos pedaços de tierra llamamos eras, que ordinariamente fe hacen muy cerca del lugar, para poder con más comodidad mirar por el pan, y encerrarlo en casa.
En general, la era es un lugar accesible desde los terrenos de cultivo, normalmente a las afueras de los pueblos, junto a los caminos o entradas principales, en el campo cerca de los cortijos. De dimensiones variables, con el espacio suficiente para que diese la vuelta un trillo tirado por una caballería, con una suave pendiente para evitar la acumulación de lluvias. Pueden estar rodeados de un murete protector contra las escorrentías de agua exterior. Se ubican en lugares altos favorables a los vientos suaves que faciliten el aventado de la mies, separar la paja del grano, lanzando la mies en alto, al viento. Podían disponer en lugares aislados, de un cobertizo o chambao anexo (tinao), para resguardar el grano ya en sacos, y a principios del siglo XX, la máquina aventadora.

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Podían ubicarse dos eras juntas, una llamada era limpia para el cereal de consumo animal o humano, y la era sucia, de la que se obtenía el picón (cornezuelo del centeno, alucinógeno usado por brujas).
Las formas variaban entre circulares, cuadradas o rectangulares. Si se unían varias se denominaba el conjunto un ejido (campo común de un pueblo, lindante con él, que no se labra, donde suelen reunirse los ganados o establecerse las eras). Debían disponer las eras internas en estos ejidos de un paso y aparcadero, y solían disponer de un pequeño espacio lindero llamado pajera, a veces compartido entre varias eras. Se marcaban las distintas eras de particulares con pequeños hitos o piedras de gran tamaño clavadas en el terreno, o hileras de piedra marcando las lindes. Las dimensiones oscilaban en torno a 30-80 varas de lado, siendo cuadradas o rectangulares.
Los materiales de acabado eran lajas de pizarra, cantos rodados del tamaño de un puño, empedrados, losas de piedra, la roca aflorante y la misma tierra apisonada, llamándose en este último caso terrizas.
Las eras se situaban en los alrededores del pueblo. Algunas eran de tierra apisonada, de uso exclusivo, que había que prepararlas con antelación para realizar la trilla, dándole unas pasadas con el rodillo.
Las conocidas en Manzanares, estaban empedradas de canto rodado. Este tipo de pavimentación es de uso común en calles, corrales, zonas de paso, acerados y patios de casas. El empedrado basto es el preferido para las eras, por su dureza y resistencia a la hora de pasar la trilla y cortar la mies con las lajas de sílex.
Este empedrado se realizaba con una capa de mortero de cal aérea apagada y arena de río, (1/3) de 6-8 cm de espesor, sobre la que se van clavando las piedras escuadradas, de superficie plana, rollos o cantos de río redondeados, se asientan con la maceta, formando maestras, presentando cuarteles, que se realizan con cintas, tiras de piedra de mayor tamaño, en la misma dirección, haciéndose a cordel.
Se rellenan estos paños dándoles una pendiente o forma de lomo para evacuar las aguas de lluvia. Es corriente que sigan un dibujo curvo entre las cintas. Colocadas las piedras se apisonan y rejuntan cuidadosamente, pasándoles la regla, rematando con una lechada de cal final.
Las eras no tenían sombra alguna. Sólo la cuba del agua se colocaba entre la mies de la cina para no estar expuesta al calor solar.
A continuación recojo una relación de eras existentes en Manzanares en los años 1940´s según nuestro paisano Antonio Moraleda, siendo de propiedad particular.
Era de los Lagartos y la de Remolinos, en los terrenos del actual Hospital Virgen de Altagracia.
Era del Redondillo, en el llamado Barrio Nuevo, junto a la era del Mudo Mascaraque.
Era del Llano Amarillo, al final de la calle Agustina de Aragón, cercano al parque del Polígono.
Eras de las Tobalillas en el Boulevard de Castilla-La Mancha.
Eras de Malpica, de Antonio Ochoa, de Nicolás Cortés y las Españicas, en San Blas junto al camino de Membrilla, en la salida del pueblo.
Era de los Pajares, la de Alberto Mazarro, la de los Pereos, la de Alvarez y la de la Cayetana, junto al polvorín al final del barrio de la Alamedilla.
Era del Acabose y la de los Gaspares en el Camino Ancho, la de Enrique Ochoa, la de Roque Muñoz, Mansilla, El Maduro y Julio el de las Vacas, en el barrio de la Divina Pastora.
En la calle Calvario existía la era de los Capillas y de Juana García, en la carretera de Madrid la de Calabazón y la de Pochela.
Frente al Hotel El Cruce, la era de Tomás Noblejas, y la de los Campaneros en los Peones Camineros. En el camino de las Pulgas la de Chalrras, en la casilla de Bolsas la de los Escribanos.
En el barrio del Nuevo Manzanares, la de Periquito Román, y cercana la de Los Noblejas en los institutos. En la Candelaria la de Antonio Muñoz, y en el parque del polígono las eras de Blas Tello, Tarina y Corchado. En los terrenos junto al Cristo de las Agonías, en la E.F.A. la era de Ojos de Habichuela.

Y últimamente hay en el término de la población diferentes piezas de tierra empedradas de canto guijarro en que se benefician las mieses que por ser crecido su número y de diferentes vecinos, no se expresan a la Letra, y para poder puntualizar sus intereses con vista de los Memoriales consideran de utilidad por cada mil varas veinte reales por año. Respuesta 17 al interrogatorio del Catastro del Marques de la Ensenada

Viaje por España de August F. Jaccaci, reflejado en su libro “On the trail of D. Quichotte (El camino de D. Quijote), 1897.”
“En los alrededores de Manzanares, en las eras, trillaban al modo primitivo, como se hiciera en tiempos de los moros, los romanos o los íberos. Las bestias, atadas simplemente al trillo, desde donde los hombres, en pie, las arreaban, describían espirales o círculos hasta quebrantar las doradas mieses. Los muchachos, desnudos, quemados por el sol, tenían también sus puestos en las faenas y, montados en los caballos o subidos en las planchas, balanceándose despreocupados, parecían estatuas de bronce vivientes, con su aire de indiferencia, adquiriendo esa animación, siempre graciosa, en los movimientos, que tanto admiramos en las figuras pompeyanas”.

Horca, pala, rastro, son los útiles que servirán al labrador en este nuevo proceso. Horca de madera de olmo, generalmente, de cuatro o cinco dientes de unos 25-30 centímetros de longitud que salen de un tronco común de mango largo para su manejo. Sirve para volver la parva, y aventar, una vez trillada la mies, lanzando al aire el cereal.
La pala es una pieza de madera curvada, con mango largo que sirve para volver la mies de la parva cuando ya está triturada y para aventarla cuando los dientes de la horca son incapaces de cogerla.
Con el rastro acerca el labrador la mies trillada hacia el centro de la parva.
Los hombres extienden la mies de la cina (hacina), portando los haces con la horca o a mano al sitio adecuado de la era donde los desatan y esparcen en un círculo, la parva.
Hay parvas de forma circular y buen casco de mies, propias de trigo, cebada y otros cereales. Otras son de tamaño menor, también redondas. Se extienden éstas alrededor de un círculo central que se deja libre, donde se coloca la persona que sostiene el ramal de la caballería, única, que arrastra la trilla. Esta parva se utiliza para trillar garbanzos, lentejas, titos,…
En las casas grandes se solía contratar peones temporeros para la labor de recolección. El trillaor solía ser un peón joven que se dedicaba a la faena de la trilla.
A las nueve de la mañana, pasado el relente de la noche que ablanda la mies, se inicia la jornada de trilla.
A la una de mediodía, animales y personas descansan y se reanuda la tarea a las cuatro para concluir algo antes de atardecer.
Durante toda la jornada las bestias arrastrando la trilla, dan vueltas y vueltas sobre la parva, donde los pedernales de la trilla van desgranando las espigas y cortando sus cañas hasta convertirlas en pajas.
La trilla, introducida en España por los cartagineses, consta de tres o cuatro tablones de madera unidas por medio de cabezales colocados sobre las tablas para ensamblar el conjunto de hasta dos metros de largo por 1,5 de ancho. La parte delantera está redondeada y levantada al frente. El tamaño depende de su uso mular o asnal. Los primeros son más grandes y llevan debajo, a lo largo, tres o cuatro hojas de sierra. Entre ellas van incrustados pequeñas lascas de pedernal, con las que se corta y tritura la mies.
Trillan mujeres y muchachos mientras los hombres se ocupan de otras tareas más duras. Las mujeres, especialmente en la siega, pero también en la trilla, se colocaban un pañuelo tapando la cara, a la usanza mora, de manera que sólo se les veían los ojos. En la cabeza un pañuelo negro las mayores, de color las jóvenes, y sobre él, el sombrero. Los trillaores van de pie sobre la trilla. A veces sentados sobre una pequeña silla de enea o sobre una piedra colocada a propósito. Llevan en la mano una larga vara de oliva o un pequeño látigo con el que fustigar a los animales para que aviven el paso. Protegen su cabeza con un sombrero de paja para defenderse de los hirientes rayos del sol. De cuando en cuando, es necesario volver la parva, voltear la mies, evitando amontonamientos y favoreciendo que ésta sea triturada uniformemente. Suele hacerse de tres a cuatro veces al día con la horca. Trillada la parva, se allega. La mies trillada se apila, tirando las yuntas de la allegaera y con la ayuda del rastro manejado por el labrador. Con la ayuda de una escoba amarga se barre la era juntando paja y grano en el montón que será aventado posteriormente.
Cuando el aire pica, se levanta o empieza a correr, se procede al aventado (ablentar, en nuestra tierra).
El viento que corre a bocanadas es poco adecuado y resulta muy molesto. El aire bueno es el que empieza a correr después del mediodía, o al pasar la media noche.
El aire más propicio para aventar es el ábrego y, en general los aires de abajo, procedentes de poniente, aunque hay que utilizar, por necesidad cualquier otro aun a costa de la imperfección y la dureza de la separación de grano y paja.
Puesto el aire en movimiento, todos los trabajadores disponibles se ponen a la tarea. Hay que aprovechar al máximo el tiempo de aire. Esta tarea goza de preferencia sobre cualquier otra. Se elimina primeramente la paja más larga con la horca. Separada la paja larga, se puede proseguir con la pala el aventado, hasta el final. El grano, aislado de la paja, se coloca en un montón alargado en forma de pez. Se procederá posteriormente al cribado, operación que se ejecuta a mano, aislando el grano de otras semillas, chinas y demás impurezas.

Según la ley de patrimonio de Castilla-La Mancha, los molinos de viento, silos, bombos, ventas, manifestaciones de la arquitectura negra y otros elementos etnográficos forman parte del Patrimonio Cultural de Castilla-La Mancha. En cartas arqueológicas están recogidos ejemplos de eras y en catálogos de bienes y espacios protegidos. En los inventarios de construcciones populares de la mayoría de comunidades autónomas, valoran las eras. Manzanares debería contar con un inventario de construcciones tradicionales. Lo primero para conservar es conocer, documentar, analizar, y si no se puede conservar, al menos se recoge la gran sabiduría popular que encierran, porque se están perdiendo estos legados ancestrales, y la sociedad de la ciencia y el progreso, no muestra interés por estas formas de adaptación que han sobrevivido miles de años, y se han depurado hasta nuestros días, con sostenibilidad y dialogo con el entorno y con el propio ser humano. Espero que nuestro sistema post-industrial con menos de cien años de vida llegue a prolongarse tanto como el preindustrial, pero dudo que sea tan eficaz y longevo.

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LA ARQUITECTURA POPULAR, PARADIGMA DE SOSTENIBILIDAD

El momento actual del diseño arquitectónico, después de unos treinta años de frenética carrera en búsqueda de formas innovadoras, con nuevos lenguajes, nuevas formas de representación,  nuevos materiales, no resuelve el problema de la sostenibilidad y el ahorro energético de una forma clara, basada en una profunda reflexión sobre los conceptos de ahorro energético, y sobre todo de cambios en las formas de habitar y convivir.

Nuestros edificios consumen casi la mitad del total energético mundial, tanto en la construcción como en su utilización.[1] Las políticas de ahorro energético reguladas, por ejemplo en el Código Técnico de la Edificación, solucionan una parte del problema, incrementando el coste de la construcción un 20 %, no evaluando en ningún momento las emisiones de CO2 que generan la fabricación del colector solar y el depósito intercambiador para el agua caliente sanitaria, la placa fotovoltaica o las innumerables rejillas de ventilación y chimeneas motorizadas de ventilación. Estas emisiones son con toda seguridad, mayores que las que una familia emitiría consumiendo energías provenientes del petróleo, durante la vida útil de dichos mecanismos.

Detrás de toda la campaña mediática sobre “ecologismo, bioclimatismo o sostenibilidad”, ¿no estarán las grandes empresas energéticas o empresas relacionadas con lo “eco”? Preguntémonos por el lento desarrollo del coche eléctrico, los motores de hidrógeno,  los molinos eólicos, ¿verdadera sostenibilidad o un lucrativo negocio puntual?

Existe pues un engaño ecológico, ya que no se cuantifican las emisiones de CO2 que generan la fabricación de los artilugios de “ahorro energético”, ni su periodo de amortización, ni sus costes de mantenimiento, y por supuesto no se estudian su integración en el entorno o en el edificio, siendo objetos extraños en nuestros tejados, en nuestros paisajes.

Desde la crisis del petróleo en los años 70, se investiga en el bioclimatismo en la arquitectura, con múltiples experiencias a nivel de prototipos, que nunca se han llegado a integrar en el mercado global de la edificación, ni siquiera, se han podido implantar de forma normativa, alguna de las soluciones de arquitecturas pasivas, en nuestra vida cotidiana.

Por lo que se siguen levantando edificios con muros cortina, en climas continentales, mal orientados, que provocan un efecto invernadero dentro del edificio, se abren grandes ventanales sin protección en bloques de vivienda, no se cuidan las ventilaciones cruzadas en las distribuciones, ni las verticales, etc…

Dentro de este panorama falseado y sin experiencias que podamos comprobar a largo plazo, quiero aportar una mirada sin complejos hacia nuestro entorno más próximo, el entorno rural, y más en concreto hacia las formas de vida de hace unos sesenta años, formas de habitar de la cultura popular.

Este pasado, despreciado por el “progreso”, que define como primitivo, obsoleto, rancio y cerrado a una tradición, puede ilustrarnos en como formar ecosistemas sostenibles, simplemente basados en una experiencia milenaria. Una legislación se puede equivocar, las experiencias e investigaciones se cuantifican por sus errores, solo el tiempo puede dar firmeza y veracidad a las hipótesis que planteamos en estos años de pruebas continuas.

Pero nuestra arquitectura popular nos ofrece una experiencia y una evolución tan extensa en el tiempo, que no podemos encontrar muchos errores en su funcionamiento e integración con el medio, ya que ha convivido con la naturaleza cientos de años, sin degradar sus entornos, creando lentamente, pero de una forma sostenible, hábitat humanos, que nos han llegado hasta nuestros días, casi siempre parciales y transformados.

Obtengamos de estas tipologías constructivas, la máxima información, para integrarlas en nuestros edificios, y por supuesto, no me refiero a copiar la zapata de madera o el pie derecho, el balaustre o el canecillo del alero en nuestros edificios nuevos, esto sería utilizar elementos particulares como pastiches, integrándolos en un edificio conceptualmente distinto al lenguaje formal que suponen estos elementos. Lastimosamente esta práctica es muy habitual en nuestras viviendas unifamiliares o en el turismo rural, buscando una imagen engañosa de lo que hay detrás.

Me refiero a examinar sus elementos, ya sean porches, zaguanes, patios, galerías cubiertas, corrales, dependencias de almacenaje, cuartos vivideros, cámaras, huecos, proporciones, orientaciones, materiales y técnicas constructivas.

Todo un mundo de soluciones destinadas a una forma de vida natural, autosuficiente, sin un alto consumo energético, pero asegurando un confort mínimo para el usuario, una calidad de vida y un refugio como defensa ante un clima severo, y que no sabemos hasta donde puede llegar, en sus saltos térmicos.

La permacultura, es el diseño de habitats humanos sostenibles, mediante el seguimiento de los patrones de la naturaleza, basada en una ética de la sostenibilidad, en principios ecológicos y en patrones o planes de acción optimizando los recursos. Planteada como teoría con la crisis del petróleo, trataba de frenar la reducción de la biodiversidad por el envenenamiento de la tierra y del agua, creando sistemas agrícolas estables.[2]

Estos pensamientos, me sirven de principio para defender las tipologías arquitectónicas populares como símbolos de biodiversidad constructiva, frente a la globalización del diseño arquitectónico, con el que se pierde nuestra riqueza cultural.

Frente a la imposición del vidrio de altas prestaciones, el hormigón y el acero, como base constructiva mundial, me hago antisistema, y propongo la búsqueda del diseño utilizando materiales “low cost”, y técnicas manuales, que produzcan edificios de muy bajo coste energético y de alto coste social.

Si los millones de parados, subempleados, subsidiados, prejubilados y estudiantes, se educasen en formas de vida alternativas a la global, simplemente preguntando a sus abuelos, y se recuperasen las formas de convivencia, los patrones con los que relacionarnos, las formas de alimentación, de producción de alimentos, los oficios, las artesanías, etc, etc, se conseguiría frenar el consumismo, y ocupar nuestro tiempo en crear una riqueza alternativa, que podría florecer rápidamente en los entornos rurales y periféricos, para llegar a reconvertir, más tarde, nuestros núcleos urbanos.

Una construcción popular exige un buen uso y un buen mantenimiento, antes de ofrecer una casa sostenible, hay que educar al usuario, por lo que sería mucho más directo que el usuario se construyese su casa o colaborase en el proceso constructivo, como han sido construidos a lo largo de cientos de años, nuestros pueblos.

Debemos conocer los materiales base de estos edificios, la piedra, el barro y la madera, además del yeso y la cal, como complemento. Conocer técnicas como el tapial, el adobe, los muros de paja revocados con barro, la carpintería de armar, las cubiertas vegetales o las de barro cocido. Conocimientos muy simples y efectivos que debemos utilizar en el mantenimiento del edificio.

Pero no solo con técnicas tradicionales podemos levantar edificios que nos cubran las necesidades actuales, debemos diseñar nuestro estilo de vida, de convivencia y relación con el medio físico que nos rodea.

Afortunadamente no tenemos que inventarnos un sistema de vida, lo tenemos cercano, rebuscando en nuestra historia, en nuestra etnografía. Pero debemos conseguir adaptarlo a los nuevos tiempos, y hacerlo convivir con la sociedad tecnológica. Este el gran reto, retomar lo mejor de nuestros antepasados y filtrar lo mejor del sistema de globalización actual.

Y este diseño vital, es el más importante en una transformación social. Los modos de alimentación sostenibles, se basan en un autoconsumo de productos locales, plantados en los huertos particulares o colectivos cercanos a la residencia. Evitando el transporte de los mismos a largas distancias, la intermediación de grandes superficies de venta, de grandes almacenes frigoríficos que especulen con su valor.

Los modos de trabajar, evitando desplazamientos, utilizando talleres locales, teletrabajo en principio, evolucionando hacia un trabajo independiente de las grandes empresas.

Un consumo que no produzca residuos, minimizando los embalajes. Lo primero que debemos diseñar es un carrito para la compra, y dejar todos los embalajes en el supermercado, con lo que evitaríamos llevar a casa muchos kilos de plásticos.

Reciclar nuestros residuos orgánicos y utilizarlos como abono de nuestro huerto urbano o rural. Diseñemos pues nuestros edificios con terrazas abiertas para contener nuestros mini-huertos de autoconsumo, abastecidos por agua de lluvia, de la cisterna o de la ducha, y abono de nuestros inodoros y de nuestros residuos.

Diseñemos cocinas solares, captadores solares artesanales, con materiales de reciclaje. Edificios bien aislados, con soluciones de huecos al sur, protegidos de parasoles, o con el uso tradicional manchego del porche, como protector y como espacio intermedio entre el exterior y el interior.

Utilicemos huecos pequeños, suficientes para una iluminación y ventilación de dormitorios y estancias refugio. Las actividades de la casa se pueden realizar en espacios semiabiertos, en los que podamos convivir con el clima, favoreciéndonos del aire libre.

No podemos diseñar huecos sin protección, y mal orientados, al norte deben ser mínimos y al oeste también, sobre todo en la Mancha.

Y sobre todo la figura del patio, como elemento clave en el confort climático para el verano, o la sucesión de patios, pequeños, donde se abra la vivienda, donde se conviva.

Toda una riqueza que se está perdiendo día a día, al igual que se pierden las especies de flora y fauna en el planeta, y los laboratorios farmacéuticos corren detrás de los chamanes en las selvas, buscando las plantas y semillas que todavía quedan, alarmados por el fin de la biodiversidad. También nuestros investigadores en construcción y diseño, deberían sentarse al lado de un buen hogar y preguntar al abuelo, como se hacía ese barro, ese tapial….

El diseño de nuestros edificios, de nuestro entorno urbano, de nuestros utensilios, transportes, vestimentas, mobiliario y en definitiva del paisaje social, deberá ser acorde al de nuestras formas de convivencia y de relación con el medio que propongamos como sostenibles.

Por tanto los principios básicos deben basarse en los patrones sociales, que retomaremos de nuestro folklore, de las formas de vida que la etnología nos aporta. Como se educaba, como se relacionaban nuestros abuelos, como celebraban, como trabajaban, como vestían, como se alimentaban, domo habitaban y como convivían con el medio.

Este nuevo mundo que debe aproximarse a un mundo más natural, más lento, en el que el individuo no prevalezca sobe el conjunto, se debe apoyar en algunos logros de la globalización, tales como la comunicación total, la red de redes, acelerante para la implantación de las ideas, probarlas y comprobar errores, utilizando el método científico.

En conclusión, esta incompleta reflexión, me gustaría que tuviese una impronta práctica, para los que formamos parte del diseño del hábitat edificatorio. Propongo unos principios basados en las esencias de la arquitectura popular:

Biodiversidad tipológica de los edificios, adaptándose al medio, al usuario específico, a la economía del constructor.

Edificio como refugio, protección frente al clima.

Vivienda, complejo de espacios, internos individuales, de transición y convivencia familiar, semiabiertos de convivencia social, de relación con el entorno, espacios para el trabajo, para almacenaje, para el huerto, para el solaz.

Materiales naturales, comprobados por la historia, que no afecten a nuestro organismo de forma negativa.

Sostenible en cuanto a su austeridad, por su autoconstrucción y automantenimiento, por su autonomía de uso, autonomía energética y autonomía de residuos. El edificio debe ser biodegradable, como es la casa popular de piedra o tapial.

Integración en el paisaje, en la urbe, con los lenguajes formales apropiados. Formas libres, orgánicas, funcionales y austeras.

Técnicas y materiales conocidas por el usuario, posibles a la autoconstrucción, independientes del especialista.

Si el homo-sapiens sobrevive a la historia, adaptándose al medio, conociéndolo, el homo-tecnológico sobrevive sin conocer la técnica de los elementos que lo rodean, necesitando de otros para sobrevivir, si falta el fontanero, electricista o antenista, no podemos habitar. Somos seres dependientes, en la era de la información total, seguimos huérfanos del saber vivir. Si nos definen desde el exterior seríamos seres contaminantes, autodestructivos, y sobre todo incapaces de habitar el medio por nosotros mismos, dependientes, enfermos y alterados.

Comencemos a cambiar la tendencia, comamos alimentos biológicos, evitemos el exceso de radiaciones electromagnéticas, vistamos tejidos naturales, escuchemos a los mayores, habitemos en contacto con materiales naturales, y disfrutemos de los ciclos de la naturaleza en nuestros hogares y trabajos. Busquemos relaciones sociales positivas, creativas y productivas.

Bibliografía:

  1. AA. Arquitectura bioclimática. Colegio de Arquitectos de Castilla-La Mancha y JCC-M. Toledo. 2001

SERRA, M. Clima, lugar y arquitectura. CIEMAT.

YAÑEZ, GUILLERMO. Arquitectura solar. MOPU. Madrid. 1988

SERRA FLORENSA, R. Y COCH ROURA, H. Arquitectura y energía natural. Ed. UPC. Barcelona. 1995.

[1] BEHLING, SOPHIA Y STEFAN. SOL POWER. La evolución de la arquitectura sostenible. Gustavo Gili. Barcelona. 2002. Pág. 231

[2] BILL MOLLISON & DAVID HOLMGREN. Permaculture One. Tagari Press. Australia. 1978.

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Motivaciones y comienzo

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La arquitectura popular de la Mancha Baja

Introducción

Hay mucho que aprender de la arquitectura antes de que se convierta en un arte de expertos, dice Bernard Rudofsky

La arquitectura vernácula tiene una belleza sencilla e ingenua, vinculada con el paisaje; y es veraz y auténtica en su respuesta a las necesidades.

Acotando la definición a la comarca estudio de la Mancha Baja, podríamos resumir que la arquitectura popular de la mancha baja es una arquitectura de tapial y cubiertas inclinadas de teja árabe, arquitectura de barro apisonado y cocido, cerrada al exterior,  pero abierta entorno a grandes patios interiores, de planta baja y cámara en alto, con elementos auxiliares de protección, abiertos a los patios, de ligeras estructuras de madera. Con un complejo programa en torno a la actividad agrícola y a la vivienda en menor medida. De gran protección frente al clima, con escasa decoración, bastante primitiva en la configuración de espacios habitables, y con mayor envergadura estructural en las dependencias de almacenaje y elaboración de productos relacionados con la agricultura, fundamentalmente el vino, el cereal y en grado menor el aceite. Una arquitectura que mezcla el uso doméstico y el productivo, pero que al evolucionar los va distinguiendo, tanto los espacios cerrados como los patios descubiertos.

Edificios que mantienen las mismas cualidades estéticas, repitiendo formas y volúmenes, pero individualizadas en su configuración espacial, se repiten los materiales y técnicas constructivas, así como elementos arquitectónicos con pocas variaciones, pero no existen dos casas compuestas iguales.

Evoluciona de la casa bloque, básica y primitiva, de la quedan escasos ejemplos en las poblaciones más deprimidas, a la casa compuesta, donde se separan con claridad las dependencias agropecuarias de las habitacionales. Evoluciona de una casa rural, con los mismos esquemas, ya se ubique en el campo o en núcleos de población, a la casa urbana, entre medianerías, en la que podremos encontrar una transformación paralela, desarrollándose programas más domésticos, más especializados, mezclados con arquitecturas cultas, con programas que reflejan las nuevas necesidades de la sociedad urbana del siglo XX.

El medio físico

La mancha baja, noreste de la provincia de Ciudad Real, subcomarca definida por una altiplanicie inclinada hacia el oeste, que vierte su cuenca en las tablas de Daimiel entorno a la cota 620 m de altitud y que se abre hacia el este hasta llegar a los 700 m de altura, atravesando los municipios de Pedro Muñoz, Socuellamos, Tomelloso, Argamasilla, Alcazar, Campo de Criptana, Villarta de San Juan, Puerto Lapice, Herencia, Llanos, Daimiel, Manzanares, Villarrubia de los Ojos, Arenales de San Gregorio, Arenas de San Juan, Las Labores y Membrilla, con 185.000 habitantes y cerca de 4000 km2. En otras comarcalizaciones la llaman Mancha Centro o Alto Guadiana-Mancha. Otras comarcas colindantes las podremos calificar como la mancha alta toledana, la mancha de Montearagón o mancha albaceteña, la manchuela, la mancha conquense, yo resumiría entre Mancha Alta y Baja.

 

En sucesivos capítulos desgranaré las diversas tipologías edificatorias que pueblan el entorno manchego, tales como:

Casas de labor urbanas, silos, cuevas en alcor, caseríos, casillas de pescadores, casas urbanas, casonas solariegas, quinterías o casillas de campo, chozos, bombos, bodegas, molinos hidraúlicos, molinos de viento, ventas, posadas, paradores, pósitos, ermitas, tejeras, caleras, almazaras, hornos, eras, norias, pozos, huertas, puentes, plazas, rollos, hitos, mojones, bancos, fuentes, lavaderos, pozos de nieve, palomares, majanos, paredazos, lindes, majadas, descansaderos, cañadas, cordeles y veredas, humilladeros y cruces de termino.

En otros capítulos apuntaremos al conocimiento de los elementos constructivos y arquitectónicos, como son las galerías corridas, escaleras, chimeneas, bóvedas, cubiertas y sus estructuras, forjados, carpinterías, portadas, rejas, barandillas de balaustres y de tabla recortada, cocinas, patios, corrales, empedrados, solados, veletas, etc.

Todo un mundo de elementos artesanos, de gran belleza, cromatismo, texturas y materiales, que configuran una parte principal de “lo manchego”, en busca de la personalidad y  esencias profundas de la Mancha. Un viaje iniciático a las profundidades del ser, apoyándose en los elementos más pregnantes y simbólicos, tales como las construcciones manchegas.

La Mancha Baja

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El primer estudio sobre la arquitectura popular en la mancha, que describe el terreno, el paisaje y diversos pueblos, como El Toboso, Campo de Criptaza, Alcázar de San Juan, Ruidera, Torrenueva, Puerto Lapice, Argamasilla, Tembleque, la comarca de la Sagra, Esquivias y Almagro, una ruta muy quijotesca. También estudia los molinos de viento, las ventas, los tapiales del secano y los cercos o cercados circulares. En su descripción de la casa manchega, redunda en su carácter de protección, de refugio y de almacén, pues dice: “que la protección, más allá de las personas, se extiende a las cosechas, a los animales domésticos y de trabajo, a los aperos y herramientas, así como a sus medios de transporte, carros y carretas, tartanas en un tiempo y hoy tractores. Casas blancas, de tapial o de adobe, por lo general, o de éste con verdugadas de ladrillo sobre zócalos de mampostería donde la piedra puede existir. De sólo un planta o lo más de dos, una sobre ésta, reúnen todas las condiciones para reconocerlas funcionales, con sus anejos, patios o corrales, unen a ellas, pese a su modestia, cualidades de una cierta expresión plástica de sinceridad en la manifestación de sus pobres materiales, embellecidos tan solo por el blanco de su cal protectora que constantemente renovada llega a constituir una epidermis duradera que las protege de la erosión de las lluvias, cuando llueve, lo que ocurre a veces a destiempo o torrencialmente. Cada vivienda tiene un vasto corral, por lo que los poblados se extienden ocupando gran espacio”

Fernando García Mercadal

En su libro Arquitectura Popular Española, además de toda la península, estudia la meseta sur y la mancha baja, describiendo la casa manchega y la casa extremeña. En la comarca de la Mancha, describe diferentes tipologías, entre las que quiero destacar la descripción de la casa de labor manchega, diferencia la aislada en el campo de la que existe dentro del pueblo, y nos dice que nace de la necesidad de albergar a las personas y a los animales, así como los vehículos y aperos agrícolas, almacenes para cosechas y dependencias para la transformación de las mismas, molinos, almazaras y bodegas. Completan este programa de necesidades los cuartos para los animales domésticos de consumo, que la convierten en autosuficiente, fuente de autoabastecimiento, dentro de una economía de mercado semicerrada.
La ordenación de volúmenes y espacios se hace de una manera libre en la casa aislada, pero se ordenan y sintetizan en la casa de labor urbana, sin suprimir ninguna de las partes y funciones esenciales, llegando a un modelo más compacto. En la casa de labor urbana nos encontramos dos partes, la parte de vivienda y la parte de trabajo, englobado todo en planta baja, aunque en otras comarcas la vivienda sea en alto y la zona de trabajo en bajo.
Al área denominada casa-habitación se le adosa la dedicada a animales y trabajo, con dos accesos por distintas calles. La segregación entre estas dos partes no es absoluta, y pueden mezclarse las funciones, como ubicar palomares, lagar o bodegas dentro de la parte de vivienda, o el horno encontrarse en la zona para los animales. Cuando en la trama urbana se adosan con medianeras varias casas con la vivienda en el frente a esta calle, suelen tener todos los accesos a esta acera, y en frente situarse las portadas para acceder a la parte de trabajo, en otra serie de viviendas adosadas en una manzana diferente.
También se pueden agrupar doblemente uniendo sus zonas posteriores, con lo que la misma calle sirve de acceso a personas y animales.
La organización de la casa de labor se realiza entorno a patios tanto la zona de vivienda a patio central de menor tamaño como la de trabajo a un gran corral o espacio a cielo abierto, con acceso a la calle a través de gran portada.
Se desarrolla en una o dos plantas, con más frecuencia en dos, aunque la segunda planta se destine a pajar, palomar o cámaras de almacenaje. La entrada a la vivienda se realiza por un zaguán, del que se pasa a un patio central, y a veces desde éste a las bodegas. Si la casa es de dos plantas tendrá a menudo, en la baja una cocina, además de la que existirá en el piso alto. Las dependencias del piso bajo pueden corresponder a la vivienda principal, a vivienda de un mayoral o capataz asalariado, o bien estar relacionadas con el trabajo: cuarto de aperos, algún pequeño almacén, bodega, etc. La cueva subterránea con las tinajas donde se conserva el vino tiene acceso desde el patio, donde se abren las lucernas, lumbreras, tragaluces de iluminación y ventilación de la cueva, con lo que el frescor subterráneo se transmite al patio, mejorando el confort de la casa en verano. Del patio arranca la escalera que conduce a la planta alta, y también un paso al corral de la portada y a las dependencias de trabajo.
Es habitual que la escalera comunique con una galería o corredor, abiertos al patio, con baranda de balaustres de madera, y a la que se abren las puertas y ventanas de las alcobas y cuartos de la planta alta, la cocina de esta planta es de hogar bajo, con pequeña campana, en ocasiones retrete con estercolero debajo, que se utilizará para abono agrícola.
El corral de la portada es muy amplio, cerrado por tapia alta, y con los cuartos de trabajo alrededor, como las cuadras de las mulas, cochiqueras, cuartos de aperos.
Otro tipo de casa urbana de menores dimensiones es la casa del bracero o peón, sin dependencias de servicio o zona de trabajo. La portada, si existe, es pequeña, al igual que el patio, con función mixta de estar y corral, ubicado a la entrada o al fondo. La casa tiene una o dos plantas. Cuando se agrupan dan lugar a conjuntos de rica volumetría.
También describe someramente la casa de labor aislada.
La construcción es de murallas de tierra y piedra, mixta de piedra y barro (tapial) o tapial con refuerzos de ladrillo, todo blanqueado o enjalbegado con cal, con cubiertas a una o dos aguas, con cerchas de madera, teja curva. Patios con balcón de madera o una galería corrida en alto, a veces en todo el perímetro del patio.
Describe también las ventas o paradores, de los bombos, con su falsa bóveda, las cuevas o viviendas subterráneas, llamadas silos urbanos y rurales.
Como construcciones complementarias, estudia el molino de viento.
Nos aclara que existen multitud de variantes locales de los tipos clásicos manchegos, pues se advierten influencias de las comarcas vecinas, Extremadura, Levante y Andalucía, especialmente en la Mancha Baja.
Sigue con un amplio recorrido, con diferentes itinerarios, en Ciudad Real, destaca el Campo de Montiel, el Campo de Calatrava. La Mancha Baja, dividida en dos sectores triangulares, la zona vinícola al sur y toda la zona oeste de la provincia, lindera con Badajoz
Carlos Flores López

La Guardia (Toledo) Revista Arquitectura 1963

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